Un cuento por encargo
Por Xtian Ayuni
“Todos estamos hechos de aire
hay estrellas en mis ojos y sol en mi cabello”.
She & Him. Brand new shoes
I
“¿Qué haces?”, preguntó Asdrúbal.
Apretó su pecho generoso contra el suyo y acarició sus labios con la yema de sus dedos…
—Deja de leer estupideces —dijo Carol mientras levantaba una de las orejeras de los audífonos aislantes de sonido de Diana.
—Tengo cosas en qué pensar —respondió Diana, sus ojos se volvieron de un color verde oscuro y volvió a sumirse en el trance de la música y a enterrar la cabeza en el libro.
Diana había sido nombrada en honor a la diosa de la cacería.
Era toda una cazadora. Pero en este momento solo tenía oídos para Zooey Deschanel y sus melodías románticas y ojos para la novelita cursi que la tenía capturada desde hace días.
Los vampiros conservaban siempre un lado quisquilloso.
Eran hijas de la noche, por ello solo podían permitirse un aspecto humano a la vez.
De voluptuosa belleza, increíble fuerza y un apetito por la sangre.
Y aparentemente también por las novelitas cursis.
Carol estaba deseosa de destrozar algunos cuellos esa misma noche.
No había podido desde hace tiempo.
La noche del equinoccio ya no era lo que había sido en la edad media.
En aquellas épocas podía tener a cuantas presas hubiese querido y lo hubieran atribuído a un castigo divino o a la peste.
En estos días de iluminación mediática hipercomunicada no se podía comer sin que alguien te tome una foto con el blackberry y la suba inmediatamente al facebook ganándose un par de miles de clicks de Like It por aquella acción.
Dado que Diana había sucumbido a su lado humano decidió salir sola.
Se asomó a la ventana del apartamento y llamó a las criaturas que se arrastran.
Los moradores de la medianoche acudieron al llamado de su ama.
Bueno… casi todos.
En relidad solo uno.
En otros tiempos acudían legiones enteras de criaturas espeluznantes.
Hoy por hoy un solitario hombre lobo echaba una mirada extraviada en dirección de la orgullosa vampiresa.
“Marco”, pensó Carol “¿por qué tenía que venir solo él?”, luego pensó que si no hubiese venido solo el no hubiera acudido nadie.
—Levántate, criatura de la oscuridad —susurró la vampiresa extendiendo el índice hacia el hombre lobo.
—¿Ah? —exclamó Marco rascándose la melena— Estoy levantado, ¿no me ves?
—¡Marco! —Carol renegaba siempre cuando la gente no respondía a las tradiciones.
Dio un suspiro y saltó hacia la calle.
Para sorpresa de ella Diana saltó también acompañada por su mascota familiar.
“¿Tienes que llevar a esa cosa a todos lados?”, pensó Carol.
—¡Deja en paz a Marisabel! —exclamó Diana, sus ojos se tornaron de un rojo encendido, los vampiros se leían la mente unos a otros de vez en cuando.
Marisabel era una gata zombi parlante.
Había estado en el aquelarre de Diana desde que se inició en Rumania durante las cruzadas.
Le faltaba un ojo. Los ancestros vampíricos de Diana habían reparado aquello con ojos de vidrio, de madera, canicas de mármol e infinidad de artificios. Pero a Diana le parecía que al natural se veía más “cute”.
—¿Vamos a ir a cazar con este? —dijo Marisabel lanzándo media mirada despectiva hacia el licántropo.
—¿Vamos de caza, señora? —interrogó a su vez Marco con la mirada extraviada y distraído en parte por un brazo humano que mordisqueaba sin cesar.
—Así es —dijo Carol solemnemente.
—¿Esta noche? —volvió a preguntar Marco.
—¡Sí! —increpó Carol perdiendo la paciencia, cosa que ocurría muy pronto en vampiros de “cierta edad”.
—Es el equinoccio —dijo Marco casi en un susurro y luego añadió: “señora”.
Carol alzó el brazo con furia pero algo duro como la roca la detuvo.
Diana le echó una mirada tierna y sonriente.
Carol se relajó.
Ese mismo día, el equinoccio del 2012, en todos los calendarios era la fecha fijada para el Fin del Mundo.
Muchas cosas estaban previstas para aquella fecha.
Los vampiros también esperaban un evento especial.
El renacimiento de la princesa Grace, la soberana del inframundo. Quien con sus hordas de muertos vivientes azotaría la tierra hasta su hora final.
Pero Carol tenía hambre.
Y a fin de cuentas qué sería de los vampiros si no existiera el hambre.
Serían igual que otras tribus urbanas modernas. Alérgicos a los cubiertos de plata y al pan al ajo, que no se reflejan en los espejos, con fuerza sobre humana que visten de negro.
Carol renegaba de su triste aquelarre pero las cosas en el mundo estaban bastante mal para ponerse a convertir humanos en vampiros a diestra y siniestra. Los auténticos vampiros antiguos eran una especie en extinción.
Como lo era también la raza humana.
COOOOOOLLLL!!! me encantó. /y no tengo un ojo ..xD
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