miércoles, 14 de diciembre de 2011

Vampiros y hombres lobo contra zombis provocan el fin del mundo (2)

II

“Hay cuerpos en el techo
y están batiendo sus alas”.
Counting Crows. When I dream of Michelangelo

Desde luego toda cacería tiene su punto de partida.
Están los puestos de observación donde se reúnen los cazadores antes de un safari.
También están esas casetitas de madera donde los cazadores se apostan a acechar a los animalitos del bosque cubiertos de hojas y con ropa de camuflaje.

Los vampiros de reunían en bares.
Carol y Diana y su aquelarre se reunían en un bar en especial.
Se llamaba El Michelangelo.
Las calles estaban desiertas. Definitivamente el día del Fin del Mundo no era una buena noche para cazar.
Marco le reprochaba esto a Carol. Felizmente los pensamientos de un hombre lobo eran tan sencillamente complejos que nunca podrían ser decifrados por el poder mental de un vampiro.
Los vampiros antiguos si bien escasos eran muy organizados.
Acuñaban sellos y escudos para los aquelarres más poderosos. Y también les asignaban un número. Mientras menor el número mayor el rango.
El aquelarre de Carol era el seiscientos sesenta y seis.

Pero ya basta de tanta explicación.
El aquelarre 666 entró en El Michelangelo.
Se sentaron en la mesa de siempre y Silvia, la camarera se acercó a tomarles el pedido.
—¿Quieren alguna entrada chicos? —dijo Silvia con su vocecita delgada como de flauta dulce.
Silvia era una vampira moderna, usaba el cabello negro muy corto y tenía los ojos almendrados, acaramelados y muy grandes.
—Nada para nosotros, Silvia, estamos de paso —dijo Carol aguzando los sentidos en busca de víctimas que cenar.
—Yo quería pan al ajo —dijo Marco.
Diana, Silvia y Carol hicieron cara de asco.
—¿Qué sucede con los vampiros y el pan al ajo? —preguntó Marco.
Marisabel le lanzó una mirada condescendiente.
—Es por el ajo —dijo la gata.
—Ahhhh —dijo el hombre lobo y luego se distrajo por un aroma delicioso que capturó toda su atención.

“¿Y tu crees que sea seguro ir a cazar con el hombre lobo?”, pensó Marisabel levantando la mirada hacia Diana.
Diana le devolvió una mirada tierna de color caramelo. Una botella de algo maloliente voló muy cerca de su mejilla. Marisabel pegó un salto.
Uno de los parroquianos del bar, probablemente un vampiro joven, estaba armando un alboroto.
Carol ni se inmutó. Diana tomó en sus brazos a Marisabel y puso una mano sobre Marco que estaba ansioso por unirse a la trifulca, tan buscapleitos como eran los hombres lobo.
Silvia se volteó hacia los vampiros.
—Lo siento chicos, espérenme un minuto.
Dirigió su cuerpecito diminuto hasta donde estaba el alborotador que era un vampiro inmenso y musculoso.
Silvia gruñó y enseñó los dientes y unos ojos rojos llenos de ira.
Tomó al vampiro problemático por el torso con un movimiento veloz como un relámpago.
Y con un violento tirón desgarró el cuerpo gigante en dos pedazos y lo arrojó a un rincón.
Los carroñeros y los hombres hiena que estaban en la trastienda dieron cuenta de los despojos en un santiamén.
Luego Silvia acomodó su delantalito negro y regresó a la mesa del aquelarre de Carol.

—Lo lamento, esta noche los sacaborrachos están de día libre así que yo me encargaré también de eso.
Se encogió de hombros y recogió el menú que no iban a utilizar alejándose hasta el mostrador haciendo sonar sus taquitos de charol.

La puerta del bar volvió a abrirse y unas figuras encapuchadas cruzaron el umbral.
Silvia no atendió al llamado pues eran humanos.
Escoria de los humanos.
“Cazadores de vampiros”, se hacían llamar.
Para ser un cazador, según Carol, hay que estar al nivel de la presa y sobrepasarlo.
“Vamos, los leones no cazan ratas”, solía decir ella.
Lo que hacían estos asalta-tumbas era estacar a los vampiros decrépitos o muy jóvenes mientras dormían en el día y estaban indefensos.
Los vampiros los comparaban con pescadores que envenenan el río para atrapar más peces.
Gente cobarde y sin honor. Pero tenían ciertas influencias. Cierta inmunidad.
Eran perros de los aquelarres poderosos.

Pero esto acabaría en cuanto el Primer Aquelarre se alce el día del Fin del Mundo.
El aquelarre de Grace llamaría a ciertos elegidos.
Probablemente a los líderes de los primeros aquelarres, destruiría a los que le ofrecieran problemas y dejaría en paz a los más débiles e insignificantes.

Carol miró cómo Marco jugueteaba con uno de los ojos del vampiro destruído por Silvia y a Diana acariciando a su gata despellejada y tuerta y sintió un alivio en lo profundo de su frío corazón.

2 comentarios:

  1. Oh, qué maravilloso. ¡Genial! Gracias por hacer mi sueño realidad... ¡Soy un personaje de cuento! ¡Créanme, lo soy! Gracias, Mr. Ayuni. Usaré mi delantal para recoger el maquillaje que se me corrió. ¡Lo adoro! Muchas gracias.

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  2. Me encantó! :) Me atrapo el relato,seguiré leyendo y esperando más capítulos de este grupo interesante :P

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