lunes, 2 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
Vampiros y hombres lobo contra zombis provocan el Fin del Mundo (Parte 6)
VI
“Deberías gastar un poco más de tiempo para tu mente,
luego tu cuerpo y alma”.
The View. Grace
La víspera de Año Nuevo, 2011
La Media Luna de un color rojo sangre se ocultaba hundiéndose en la oscuridad del océano.
Sobre una fría lápida yacía Grace.
Había estado en esa posición durante muchísimo tiempo y como todas las cosas que hacemos por muchísimo tiempo, cuesta dejarlas de hacer.
Aunque sus pupilas rojas ya relucían vívidamente en la oscuridad, Grace no se había movido.
Primero giró un poco la cabeza.
Cerró un ojo y luego el otro y luego los alternó.
Luego comenzó a flexionar los dedos de la mano.
Grace era una vampira ancestral. Una hija del primer aquelarre despertando a un mundo que estaba destinado a morir. Una princesa de la oscuridad.
Y todo esto la aburría demasiado.
A una persona que la observase sin saber su verdadera naturaleza le parecería estar viendo a una niñita pequeña con el cabello completamente blanco, antes de que sus miembros fueran arrancados violentamente.
Sería una visión breve.
Grace pegó un saltito sobre la lápida y se acuclilló.
Sus ojos de vampira penetraban la oscuridad en busca de algo divertido que hacer.
El primer aquelarre parecía haber movido su lugar de reposo de la ubicación tradicional.
Así que no sabía con precisión dónde se encontraba.
Sus pensamientos estaban ordenados a la antigua.
Sin embargo Grace desdeñaba la tradición.
Sus zapatitos negros hicieron un ruidito gracioso al chocar contra el pavimento después de caer 59 pisos en vertical.
Avanzó brincando por las calles de la ciudad que desconocía.
Todo era brillante. Todo era ruido y movimiento.
Era un mundo en el cual Grace hubiera estado contenta de existir.
Vamos.
Era de las pocas ancestrales que sabía en qué forma el mundo había de ser destruído.
Sabía qué conjuros debía propiciar y qué piezas necesitaba para desencadenar el caos.
Pero algo llamó su atención.
Un cartel luminoso con el rostro de una sonriente mortal anunciaba: ¡Vamos de Compras! Que el mundo se va a acabar.
A Grace le pareció una excelente idea.
Avanzó brincando despreocupadamente por la calzada.
Un auto volcó cuando el chofer se percató de la niñita que repentinamente se cruzó en su trayectoria.
Fue un terrible accidente.
El conductor esquivó a la niña y se incrustó en un poste de alumbrado. Salió volando a través del parabrisas.
La niña se aproximó al cadáver que tenía el cuello torcido en un ángulo poco sano.
“Nosferatu”, pronunció.
Y el zombi se levantó con la cabeza colgando de un lado.
—Acomoda tu cabeza —le dijo Grace.
El no-muerto obedeció.
—Pasaremos desapercibidos, por lo menos antes que comiences a apestar.
El zombi miró a la niña con los ojos en blanco.
—Esto es algo nuevo, y sé que el conjuro Nosferatu contempla una limitada variedad de órdenes así que tendrás que poner de tu parte, ¿ok? —le dijo Grace al nuevo zombi.
El zombi asintió desacomodando su cabeza.
—Bien —dijo Grace—, eres un buen zombi.
Acomodó la cabeza del zombi y sostuvo su mirada muy cerca de la suya.
—Escucha con atención —dijo la princesa vampira—, iremos de compras.
El zombi permaneció inmóvil un momento mientras procesaba esta órden inusual.
Grace empezó a brincar en dirección del centro comercial.
El zombi arrastró un pie y luego el otro.
“Compras”, pronunció.
Y avanzó en dirección de su ama.
En el centro de la ciudad habían disturbios.
La gente corría despavorida cargando con lo que podían.
Una niñita se tropezó y cayó. Se arrinconó a la pared de un callejón tratando de evitar que la aplasten.
Un camión cuyo conductor había perdido el control se estrelló muy cerca de ella produciendo una rotura en la tubería de gas.
El camión ahora derramaba gasolina. El conductor yacía muerto sobre el volante.
La niña no podía ponerse de pie.
De pronto sintió que era levantada por un viento fuerte.
El camión finalmente estalló remeciendo los cimientos del edificio.
La niña, ahora, observaba la ciudad desde muy alto. Alguien la sostenía.
Diana le dirigió una mirada sonriente y la colocó en la cornisa de un edificio.
—Quédate a salvo —le dijo y de un salto se volvió a sumergir en la oscuridad.
El aquelarre 666 completo se reunió cerca de la entrada del Michellangelo.
Carol miraba hacia el infinito.
Diana y Marco se sentaron en el suelo.
Marisabel se frotó contra la espalda de Diana y esta le pasó un dedo por la espalda huesuda.
—¿Y bien? —preguntó Marco.
Carol salió de su especie de trance y los miró.
—Está hecho —les dijo—, ya ha despertado.
Luego se sentó junto a ellos.
—¿Tienes un plan? —le preguntó Diana.
Carol no respondió.
El problema no era tener un plan.
Ponerlo en marcha era complicado.
El fin del mundo era una cosa complicada.
A través de la rendija del callejón vieron pasar una niñita vestida de negro y con el cabello blanco y unos pasos detrás a un zombi que arrastraba una pierna y acomodaba su cabeza.
Los tres se miraron.
—Creo que van hacia el centro comercial —dijo Marco.
“¿Crees que Grace nos acepte en su aquelarre?”, preguntó mentalmente Marisabel a Diana.
Carol dio un suspiro.
Entonces así sería.
Carol sabía que Grace no formaría un aquelarre.
Sería acompañada únicamente por ejércitos interminables de zombis.
De esta no habría salvación.
Se puso de pie y comenzó a caminar.
Y los demás la siguieron.
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